jueves, 17 de febrero de 2011

A través de una pantalla. Cap. 1.

El mejor trabajo que he logrado conseguir desde que salí de la universidad consta de cinco horas de viaje de mi hogar, con casi 600 trabajadores que tengo como colegas; metidos en el edificio más importante de toda la ciudad, añadiendo el prestigio que tiene la empresa. Puedo decir es el lugar “perfecto” para ser reconocido por grandes empresarios y gente de alta categoría; no obstante, aquel sitio no satisface del todo a cada persona que posee como empleador.





La mayoría de mis compañeros de departamento son padres jóvenes, recién casados y son tres los mayores que tienen hijas entre siete a once años de edad. Las chicas no se quedan atrás, la mayoría casadas, futuras madres y comprometidas felizmente. Siendo el único soltero, recibo más bromas de lo normal, no faltan los comentarios como de mi apariencia o si soy seguramente homosexual. No prestaba al comienzo mucha atención al caso; no estaba desesperado por estar con alguien siendo que podría llegar a dudar realmente en establecer un lazo afectivo con alguien.





Al paso del tiempo, me fue afectando un poco más; pero no iba a caer en cosas como citas a ciegas o charlas por internet. Pienso que así no nace un verdadero romance, bueno es mi punto de vista, mejor dicho; era el punto de vista que tenia en esa época.





A los pocos días antes de que llegara el tan conocido “14 de febrero”; mi superior me encargo un trabajo extra, por lo que tuve que madrugarme dentro de la compañía, dejando el aviso al guardia que estaría esa noche allí. Recuerdo que estaba desesperado por acabar luego el encargo, pero faltaba un papel el cual determinaba casi más de la mitad de la tarea. Obligadamente tuve que entrar al piso continuo del mío.





Busque alrededor de quince minutos o más, el archivo, el que no hallaba por ningún sitio. Casi rogando un milagro, me fije que había una carpeta azul reposada sobre uno de los tantos escritorios del estudio. Lo abrí y quería dar un grito de felicidad, era lo que buscaba. Para mi mala suerte, el computador lo habían dejado encendido y lo peor, la cámara funcionando a quien sabe que parte de la empresa.





Mire la pantalla, mostraban una oficina distinta a la que la empresa tenia. Me extraño la verdad, pero no me iba a quedar toda la noche observando la nada. Cuando estuve a punto de apagar el equipo, un chico un poco mayor que yo apareció, me lleve un enorme susto, no por el simple echo de que estuviera allí, sino más bien era que yo también era acechado por sus ojos. Me afligí por lo incomodo que llegaba a ser descubierto de este modo, ¿Quién no lo estaría?.





Iba a decir “adiós” para evitar cualquier inconveniente futuro con mi jefe. Sin embargo, un papel frente a mi, me detuvo. El chico había escrito “Hola, ¿Qué tal?” en inglés; no hablaba mi idioma, aun así comprendía su mensaje. Rápidamente busque un papel y un lápiz para responderle. Adrenalina, arrebato, frenesí, no se como llamarlo, solo sabia que allí me encontraba correspondiéndole un “Hola, estoy bien, ¿y tu?”. Sonrió, me emocione, no lo puedo negar, se sentó en una de las sillas mientras respondía nuevamente, esperaba ansioso su respuesta; inexplicablemente, ese hombre me llamaba mucho la atención.





“Bien, algo agotado es de noche aquí, y tengo sueño :(“. Me reí en su intento de hacer una cara triste, él lo noto, trate de ocultar mi reacción, pero fui descubierto, pasamos hablando de cosas sin sentido, entre palabras y dibujos feos, la noche se hizo corta y el encargo que tenia; fue mucho más agradable en compañía de ese desconocido.





Al siguiente día, parecía un zombie; todos se preguntaron que fue lo que me había ocurrido, no respondí casi nada, solo anhelaba seguir charlando con el chico de la noche pasada, no importando si perdía sueño y tenia más trabajo de lo habitual. Me encapriche con su persona. Al paso de las horas, pensé en el sin fin de preguntas que le tenia, conocerlo por completo llenaba mi cabeza y que la noche llegara pronto, me quitaba incluso el hambre.





Mi jefe al revisar el buen trabajo que le había entregado; insistió en pedirme el mismo favor de la noche pasada, yo dichoso; acepte su petición. “Lo volveré a ver”, otra noche más leyendo sus mensajes, contemplando sus facciones y movimientos, el vació se estaba llenando a una agilidad impresionante.





Eran casi veinte para las una de la mañana, sin provocar mucho ruido, encendí el equipo y espere a verlo otra vez mas. Aguarde un poco para saber si aparecería, tenia fe en que volveríamos hablar, aunque costara tiempo. Después de media hora, ya supuse que no iba a llegar, deje de lado los papeles en los que trabajaba. Sentándome en el escritorio para apagar el equipo, note una pantalla gigante se encendía en la mitad del pasillo del estudio; de color de fondo blanco y el signo de esperar que sale en el Microsoft Office Word, comenzaron aparecer letras gigantes negras.





Cubrí mi boca para no soltar un grito, por primera vez sentí coraje por ser tan cercanos de un día para otro, y a la vez viviendo lejos de la otra persona.





“Lo siento mucho, me demore bastante, lo sé. Disculpa, así que por favor, disculpa a este tonto :)!”.





Le había importado como me sentía, ¡¡¡ le había importado!!!. Eso era una acción inesperada de su parte, no cabe en mi asombro lo atento que era ese hombre. Apareció luego con una cara dudosa, quizás estaba pensando que lo odiaba. Escribí sin perder tiempo “No te preocupes, aunque me lleve un susto. Lo importante es que estas aquí”.





Entre sus manos tenia el teclado e iniciamos una nueva conversación. Supe su nombre, su edad, su familia, donde vivía, descubrí lo que odiaba y amaba, conocí sus momentos buenos y malos, estaba aprendiendo una nueva materia en mi vida, la cual se llamaba “Suzuki Akira”.

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