jueves, 17 de febrero de 2011

A través de una pantalla. Cap. 2.

Al completar el mes, decidimos hacer algo más allá de los mensajes, de las notas, de las llamadas al celular del otro. Si pudiese explicar la primera vez que oí su voz, necesitaría más que un diccionario para definir el efecto que provoco. Hoy me comento que me tenia una sorpresa para mañana, ¿Qué más podría regalarme?, si ya con su sonrisa y hablarle, me sentía el más afortunado del planeta. Cuando llegue a mi departamento, hice el mejor intento de dormir, pero solo conseguí hacerlo después de girar una y otra vez, muriendo de curiosidad.





En la mañana me dejo un mensaje en la contestadora. Me apresure a escucharle: “No olvides lo de esta noche, que tengas un buen día”. Solté una corta risa, parecía un esposo despertando a su pareja; volví a reproducirlo de nuevo. Era una manía que inicie no hace mucho; la sensación de solamente oírlo, me aproximaba un poco más a él, aunque sea un poco. En el momento que vi mi dedo índice acariciando la contestadora, un calor subió a mis mejillas inmediatamente. “¡¿Qué cosas haces Takanori?!”. Antes de regañarme, el reloj apuntaba casi las ocho de la mañana.





-¡¡¡Demonios!!!, llegare tarde.- Corrí escalera bajo, arriesgándome a una posible lesión. Aunque…¿Que importaba ahora aquello?, sino me daba prisa iba a perder la oportunidad de estar en el turno de noche y no iba a dejar pasar mi sorpresa de Akira, por estar malgastando minutos. Tome el primer taxi y le grite al conductor un “deprisa” que creyó que iba a robarle, por suerte después, él vio que le pague con bastantes billetes, sin esperar el cambio.





En minutos, ya estaba ubicado en mi escritorio, en una hora prudente. Los papeles junto con los archivos de la empresa; entraban y salían de mi sitio, desapareciendo con agilidad hacia sus oficinas correspondientes. Motivado con que Dios oyese mí suplica de observar la oscuridad en los enormes ventanales, obtendría mi sorpresa pronto.





El resto del día, solo recibía mensajes de Akira, remarcándome que no faltase, aunque respondía a los segundos sus textos, parecía que no confiaba en mi parte. “Joooo!, que malo eres, tonto Akira”. Casi ya diez para las doce, mis dos últimos colegas se despedían de mí; en ocasiones sospechaban que tenía algo raro entre manos, nunca dije algo, preferí guardar silencio. No iba arriesgar a perder mí comunicación con él.





Arregle mejor mi cabello con mi traje de lo habitual, no tenia mucho que hacer, guarde mis cosas y me dirigí como cada noche pasada al estudio. Permanecí en mi asiento, vi mi reloj, no faltaba mucho para que llegara.





La ventana continuaba apagada, deseaba que al otro lado respondieran luego. Mantuve mi espera más minutos, mi celular comenzó a vibrar; “tapa tus ojos y no hagas trampa” leí de su parte. Inmediatamente hice caso, tape mi vista. Mi celular de nuevo vibro, era una señal para verle.





Akira estaba de pie con un sobre rojo en mano derecha y en la otra, un sobre color blanco, no entendí al principio. Con gestos me hizo escoger un sobre, preferí el blanco, el rojo me daba una mala impresión. Dejo al lado el rojo y abrió el blanco, lo ojeo por bastante tiempo, soltó un suspiro y su rostro lucia serio, daba algo de miedo la verdad.





Alzo el papel blanco con ambas manos, agachando un poco la vista, mi corazón se acelero y la respiración parecía haberse detenido. El cuerpo me temblaba por completo, no…no podía ser cierto…





“Takanori, ¿quieres ser mi novio?”.





Nunca creí ser correspondido, al principio me había costado aceptarlo, aunque ya no me importaba demasiado. Asco sentí, y dude de mis sentimientos, a pesar de no reconocerlo, Akira era un sujeto no como todos los que conocía, era un hombre que llamaba a quererle, a tenerle aprecio y más.





Las manos suyas tiritaban al igual que las mías, ninguno de los dos sabia que decir. Entendía lo complicada que era nuestra comunicación, lo arduo que seria mantener una relación a larga distancia. ¿Seriamos capaces de amarnos viviendo en diferentes continentes?. Ardor, era lo que mi corazón sufría.





Akira elevo su rostro, capte su nerviosismo, éramos como dos niños esperando que el otro dijese que si para seguir jugando. Reí de mis ocurrencias, como pude abandone las inquietudes del futuro. Alcé la respuesta, acercándola lo más posible a la cámara y él viera mi nota claramente. Busco donde apoyarse, también había logrado sorprenderlo. En una hoja blanca, con un corazón de líneas azules, se encontraban unas pequeñas cabezas diminutas, los cuales éramos nosotros dos, mi enano "yo" abrazándole posesivamente, gritando un gran “Si”.





¿Somos unos tontos?. No lo sé, tal vez si, por soñar en un romance distanciado o quizás no, romperíamos ese maldito mito.





Los largos minutos silenciosos que transcurrieron después de nuestras confesiones, fueron reemplazadas por carcajadas, se me llenaron los ojos de lágrimas, supe ahí que no necesitaba nada, lo tenia todo con él. Me enseño un dibujo que hizo una noche libre que tuvo y aun recuerdo lo triste que me encontraba por ello. “Quisiera dártelo en persona”, por sus ojos se notaba cierta nostalgia. “Pero si lo estas haciendo, lo llevare siempre en mi mente”, lo anime, volvió a reír; “Eres tan dulce, de seguro tu gente es igual a ti”. Akira vivía en América, por lo que me contó, su madre es japonesa y su padre era de allá, por eso entendía un poco algunas frases mías. “No, solamente soy yo el dulce, así que no te animes a mirar a otro lado”, respondí algo territorial. Simplemente asintió y volvió a escribir en el cuadernillo suyo; “No tendré ojos para nadie más que a ti, Matsumoto Takanori, lo promete Susuki Akira”.





El amanecer ya daba señal de aparecer, el tiempo se había ido volando y aun así no tenia sueño. A cada hora hablábamos de lo especial que era estar con el otro, y si algún día se crearían pantallas transportables para nuestro favor.





“Manos”, antes de despedirnos quiso jugar un poco más; a cualquier cosa que saliera del momento, él me escribía una palabra y yo contestaba lo primero que a mi cabeza llegara. “Guitarra”. Lucia feliz, yo también lo estaba, tenía un novio hermoso, era perfecto….



“Flor”-“Labios”.

“Ojos”-“Cielo”.

“Día”-“Trabajo”.



Estallamos en risa, aunque era cierta mi respuesta. “Cámara”, ahora era mi turno; “Matsu…”. ¿Qué más podría decir?. “Cuaderno”….”Moto…”…¿Era mi idea o estaba jugueteando con mi nombre?.





“Dibujo” dije finalmente, era lo último que se me había ocurrido y ya era hora de tener que irme, antes de ser pillado. Demoro en responder, pero luego sus ojos se clavaron a los míos, otra vez ese ardor regreso con mayor intensidad. “Amor”, susurro. Su mano derecha se acerco a la pantalla, hice lo mismo. Aunque fue raro en un principio, le seguí sus movimientos, estaba bastante cerca de mi rostro, por la cámara su rostro lucia más detallado, es bello. Leí la última nota, antes de que los primeros rayos del sol aparecieran, “Cierra los ojos y acerca tus labios a la pantalla”. No comprendí, a pesar de que me viese ridículo, hice caso. Selle mis ojos, situé mis labios sobre la pantalla, y a los segundos, volví abrirlos levemente. “¡¡¡Esto es…!!!”. Casi doy un grito y logre mantenerme sereno al frente suyo.





Estaba con las sensaciones a flor de piel, regrese a cerrar mis ojos rápido, estuve así por dos minutos, finalmente nos separamos al mismo tiempo. Que avergonzado estaba, necesitaba cubrirme la cara y desaparecer de su vista, lo estaba deseando con todas mis fuerzas. No dijo nada, subió otra nota más a la pantalla y luego apago su cámara. “¿Qué fue eso?”. ¿Acaso hice algo malo?. La preocupación me invadía… ¿Y si la había cagado cuando abrí los ojos?, puede que me descubrió. Sin embargo, un mensaje nuevo a mi celular, me arranco el miedo: “Lo siento, no fui capaz de verte a la cara. Estoy avergonzado, lucias adorable…ehh…Espero que nuestro primer beso te haya gustado, aunque fuese en una pantalla. Yo lo disfrute, en serio que lo hice. Bueno, mejor que descanses porque te quedan pocas horas para dormir, que descanses amor. Te amo Taka, Akira”.





“En verdad eres un idiota”. Suspire, este amor complejo, estaba causando cambios profundos en mi persona. “Si lo disfrute Akira, nuestro primer beso…”. Toque mis labios, como si realmente nos hubiéramos besado, incluso, para haber sido a través de un objeto material; sentí mi pulso casi congelarse. Mientras más pensaba eso, las ansiedades de verle se volvían insistentes cada día. Tenía el hombre perfecto como mi compañero de toda la vida.

1 comentario:

  1. Es tan hermoso y triste.

    Quiero leer el capítulo 3.

    También me gustaría ver el comercial que te inspiró a escribir esto.

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