sábado, 30 de abril de 2011

Monstruo Matsumoto.. Cap. 1.

Cinco minutos le quedaba exactamente para llegar a su salón. Si, otra vez la adicción por un nuevo juego recomendado obviamente por su mejor amigo –otro adicto más.- lo había echo desvelarse sin importarle los reclamos de su progenitora. Su madre tenia que entender; tenia que tener un mínimo de compasión porque su hijo pudiese avanzar otro nivel; ¿Cómo seria capaz de negarle aquello?. Pero, regresando a la carrera del inicio del segundo semestre; no podía pasarle algo peor en el camino ¿no?. Confiado en que la pared de ladrillo siguiera en su lugar y no la hubiesen demolido, se pasaría arriba de ella sin problema alguno; después dejaría las cosas en su salón y finalizaría con llegar a la ceremonia como si nada. Perfecto, ningún obstáculo en su plan.





Dio la vuelta al instituto, buscando la famosa pared, salvación de muchos. Se sorprendió al ver que no era el único que llegaría atrasado, observaba como un pequeño cuerpo trataba de subir sin logro alguno. Se tapo la boca inmediatamente, para aguantarse la risa que el otro le daba con su show, pero luego recordó que no tenia el tiempo suficiente para seguir viendo el intento del pequeñito en cruzar. Decidió que no iba ayudarlo y solamente se preocuparía por su persona; sin embargo, el bichito de la culpabilidad lo picaba, quisiera o no. Después de discutir con su conciencia, se apresuro en tomar el bolso del bajito y lo lanzo al otro lado junto al suyo, asustando al chico de improviso.





-Tengo prisa bajito, así que súbete luego a mi espalda.- Le hablo sin mirarle a la cara, y aunque quisiera vérsela, el pequeño la tenia oculta bajo el gorro de su chaqueta; solo dejando a la vista su boca y el mentón. Demoro en reaccionar su acompañante y tímidamente coloca sus palmas en su hombro. Se agacho un poco, para que el otro subiese luego y terminara pronto con esto.





Agradeció que el peso del bajito no fuese mucho y más al fijarse que este ya estaba con ambas piernas arriba del muro. Se alejo un poco y dio un salto alto; alcanzando afirmarse a tiempo de no caerse. Pero, aun el bajito seguía arriba ¿acaso no sabia que estaban atrasados a la ceremonia?. Que más daba, él tenia prisa y ya había ayudado al chico. –Oye bajito, date prisa, estamos atrasado.- Dijo una vez abajo tomando su bolso nuevamente. –Espero que tengas un buen primer día.- Grito alejándose del otro con rapidez. Regreso su vista al bajito que aun continuaba arriba. Extraño, realmente era un chico extraño, como muchos que eran sus compañeros.





Y al parecer Dios agradeció su buena acción del día, llegando junto a su curso sin ser notado por el profesor jefe. Mientras el repetido discurso del director entretenía entre comillas al alumnado, siguió preocupado por el bajito. ¿Habría llegado a tiempo?. Quien sabe, no estaba seguro de haberlo ayudado del todo, ¿Qué tal si era nuevo?. Pero ya había echo algo y no podía hacer más. Respiro hondo y presto atención a la conversación de su amigo. El primer día siempre traía algo bueno o malo en el camino.





Al término de la ceremonia, cada curso regreso a su salón. El suyo siendo reconocido como el más desordenado y en ejemplo al desastre en vida, hacían de la suya; ignorando olímpicamente al profesor que trataba tener atención de los demonios y dar la nueva noticia, aunque no muy buena para él.





-Por favor, presten atención por milésima vez.- Grito ya fuera de sus cabales, soporto que le ignoraran por dos años; pero haría caso a las palabras de su madre “Hazte ver como un hombre echo y derecho frente a esos gusanos”. Claro que la vieja no sabia con que gusanos su ya mayor hijo daba pelea los casi 365 días del año. Aunque, esta vez había sido muy distintas a las anteriores batallas a fuego. Él, logro dominar a los demonios, si; sintió que podía conquistar el mundo, pero su momento se acabo, cuando uno de los engendros le grito desde al fondo del salón “Hey viejo, no nos muestres tupequeño orgullo”. Las chicas al oírlo y mirando a su profesor comenzaron a gritar, cubriéndose el rostro con la asquerosa vista que el hombre enseñaba con su cierre abajo. Los gritos volvieron con más intensidad que antes, el pobre hombre; quería arrancarle la cabeza al muchacho este; aunque significara irse preso. El griterío se detuvo a penas la puerta del salón se abrió de golpe y una persona entrara como si nada allí.





Los alumnos guardaron silencio, primero examinaron al bicho nuevo, de pies a cabeza como si fuese un juguete nuevo y tenían que conocer las funciones que este daba. El chico adelante trato de decir algo, pero su voz era por lo demás bajo y también suave, no logrando atención por parte de ellos. Intento otra vez en decir algo, ahora le costaba más ya no eran unos pocos los que lo oían. Se sintió nervioso, quería huir; sus manos temblaban. Vio como los primeros de adelante murmuraban a los de atrás con una sonrisa extraña. Quizás le harían una broma, tenia miedo de que le hicieran daño sin ni siquiera haberse presentado del modo correcto. Uno de sus nuevos compañeros se levanto con cuaderno en mano, ¿le pegaría?. Retrocedió atrás chocando con el profesor que estaba igual de asustado que él o peor; siendo su profesor jefe!!!. El chico camino adelante suyo, botando el cuaderno a propósito a sus pies y dejo pasar casi un minuto, para agacharse a recogerlo. El chico nuevo sospecho de la acción de su compañero y cuando confirmo que este le daría la paliza repetida de su vida; sus ojos se llenaron de lágrimas. –Tú eres el famoso monstruo de la otra escuela.- Rió al pronunciarlo y su grupito con el resto de los alumnos, llenaron el lugar de risa. Claro, tenían un payaso mucho mejor que el anterior pobre chico del que se burlaban y por lo demás con mayores razones de juzgarlo.





El muchacho nuevo, dejo caer su bolso y llevándose ambas manos al gorro de su chaqueta, cubrió su rostro por completo. La puerta volvió abrirse, entrando el rubio del salón con el castaño, mirando como sus amigos y el resto se morían de carcajadas. Ellos también querían saber el chiste, fue el castaño entonces quien le pregunto al pelinegro que estaba ocurriendo.





-Oe Yuu, ¿de que se ríen tanto?.- El pelinegro quien era el responsable de la risa del día apunto riéndose aun al chico que estaba siendo consolado por el profesor. El rubio observo al chico sin mucho interés, luego bajo su vista al bolso que se encontraba en el sucio suelo y sus neuronas le hicieron recordar al dueño de esta. La risa casi enfermiza de todos, lo molestaba; más le enfado la actitud de sus mejores amigos y aun fue mayor y creciente, al saber que había ayudado en la mañana al monstruo, al monstruo Matsumoto.

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