sábado, 30 de abril de 2011

Monstruo Matsumoto.. Cap. 2.

Allí, encerrado en un cubículo; intentando esconderse del resto del alumnado, y no nos referimos solo al curso que le toco por el resto del año escolar, sino del instituto completo. Esperanzado en que la historia suya cambiara para mejor a lo que fue sus anteriores años; se derrumbo por completo sin que nadie lo consolara o dijera “vamos, me tienes a mi” para calmar su angustia. Como odiaba al chico que lo delato frente a todos, creyó que con tapar parte de su rostro podría por lo menos no levantar sospecha de cómo era reconocido por casi todos los establecimientos del lugar. –Tan feo soy, tan horrible…- Susurro dolido recordando una y otra vez como sus ahora compañeros lo apuntaban con una risa inagotable. Recién su primer día de clases y echaba de menos al único amigo que logro conseguir a sus quince años de edad. –Te extraño Uke, te extraño mucho…- Limpio el resto de gotas saladas que recorrían sus mejillas rojizas, no dejaría que por lo menos lo vieran más débil de lo que había sido por la mañana.





Solo quedaba una hora de clases y rogaba porque esta pasara pronto, no tenia ánimos de ver un libro; mucho menos de tener que aguantar nuevos murmullos a su alrededor. ¿Qué nuevas bromas u ofensas se le otorgaría?. Salió lentamente hasta llegar al espejo, estaba solo; ya tenia algo de calma nuevamente. Respiro hondo, observo como sus dedos estaban mojados en lágrimas, incluyendo un poco las mangas de su chaqueta. Busco algo con que limpiarse, encontrando su viejo pañuelo. Se lavo ambas manos y se mojo el rostro, dejando que el agua hiciera lo suyo, limpiar su dolor. A veces deseaba que esta fuera mágica y le diera por lo menos un día sin tener aquello que lo nombrara el monstruo Matsumoto. Rio por lo bajo, si las cosas fueran diferente, si tan solo Dios le quitara eso y lo dejase en paz por cinco minutos. Que felicidad seria aquello.





Levanto su cara, analizando su reflejo con temor de ser descubierto por algún alumno, por lo que iba hacer. Saco el gorro que cubría la parte de la frente y ojos con cuidado; notaba como sus ojos se aguaban por cada centímetro de piel que se desnudaba de la prenda. Una vez que esta ya estaba completamente hacia atrás, quiso tener el poder de curar su herida. Pero era obvio que no era un ser mágica, no sabia nada maquillaje por último para cubrir los pocos puntos que tenia. No sabía nada y le molestaba no tener algo que lo ayudase un poco. Acaricio ese largo corte con lentitud, lo vio una y otra vez; la respiración suya se volvió un poco más rápida. Entendía el porque le llamaban así, pero no era su culpa; lo sabia y quería que otra persona más lo supiera. Algún desconocido que se diera el tiempo de comprender que lo que le había ocurrido no tenia responsabilidad suya, un accidente simplemente. ¿Era mucho pedir?. No lo sabía.





-Akira, oye escúchame quieres.- Escucho como alguien se acercaba al baño de los varones. Sus nervios aumentaron, no tenia que dejar que alguien viese su rostro, ya bastaba con el accidente temprano que había tenido. Tapo lo más rápido que pudo su cara, o hizo el intento. Sin embargo, se sintió más aliviado al volver encerrarse al cubículo que antes estaba, levanto sus pies, abrazándose a sus rodillas; esperando no ser sorprendido por otro alumno. –Oye, ya; escúchame maldita sea.- Un grito resonó por las paredes de baldosa y un golpe fuerte le siguió a esta.



-¡Que te calles, por una puta vez!.- La voz de la otra persona sonaba enfadada, asqueada por alguna razón desconocida para ambos chicos que se encontraban en el lugar.



-Esta bien, no me tienes que gritar. Ni siquiera se porque estas así, explícame por favor.- La curiosidad lo estaba matando, no porque él fuese un intruso, sino que la segunda voz, se le hacia familiar a pesar de no acordarse del dueño de ella. Se acerco lo más que le permitió la incomoda posición que estaba. Tenia que saber que pasaba afuera.



-Ese chico…-



-¿Qué chico?.- Pregunto el otro, sin entender lo que el rubio le decía.



-¡El chico de la mañana, carajo!- grito otra vez. Por una extraña sensación, sabia que él tenia que ver en lo que hablaban esos dos, aun así anhelaba no ser el culpable. – El monstruo Matsumoto.- Mordió su labio inferior, intentando tranquilizar un posible llanto suyo, ¿Por qué otra vez tenían que atacarlo?. –Esta mañana le ayude a pasarse por la muralla trasera…- Fue entonces que Takanori, pudo distinguir la voz del otro chico. El muchacho que lo dejo con la boca abierta por haberle ayudado en pasar esa gran pared, ignorando quizás el echo de quien era o simplemente creía que lo sabia; y era posiblemente la primera persona que lo trataría como uno más de ellos. No obstante, la imagen del rubio que había conocido por cosas del destino se desmorono al oír las palabras, crueles e indiferentes al calvario que llevaba consigo. Era normal que la gente hablara a espaldas del sufrimiento ajeno, por lo demás todos cometemos ese error. Hablar de lo mal vestido, o la imagen que nos llevamos de otro sujeto. Takanori debía soportarlo, no era el primero en decirle eso, sin embargo si lo era en escucharlo directamente de su boca. –Le ayude a pasarse por la muralla trasera, no sabia de quien se trataba, sabes y si hubiese sabido jamás, escúchame jamás le hubiera ayudado. ¡Que asco!, ayude a Matsumoto, de todos los que estudian aquí; tenia que ser precisamente él.-



-Tenia que ser precisamente yo.- Pensó el bajito, mientras ocultaba su cara entre los brazos y las rodillas. Lo que ambos aun sin conocerse más allá de lo que sabían del otro, compartían el mismo pensamiento. Tenían que ser precisamente el uno del otro.

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