Un nuevo comienzo del día; parpadeo varias veces para acostumbrarse a la molesta luz de su habitación. No quería ir a clases, no para soportar las burlas de los otros chicos ni menos de las chicas que se rían él, incluyendo la más fea. Noto el pequeño papel que reposaba en su escritorio, se levanto a leerlo, tratando de darse el ánimo suficiente para asistir al instituto. Dejo la nota en su lugar y se saco el pijama con más lentitud de lo normal.
Cuando ya estaba completamente vestido, se fue al baño para cubrir con su larga chasquilla la cicatriz que le atormentaba tanto. Si bien Takanori, sabia el porque de su apodo; no le veía mayor ciencia que juzgarlo por la herida de su frente. Pero, estamos hablando de jóvenes, chicos que no se daban la molestia de preocuparse de si mismos, de sentirse lo más mejores o patéticos del planeta; si hasta a veces los hombres parecían tener su día especial como el de las chicas; y él no era la excepción. Takanori detestaba a las chicas que ocupaban falda hasta los muslos, sin importar que le creyeran o no; más cuando estas se quejaban al subir las escaleras y dejando ver su ropa interior. Aun siendo hombre, no negaba que reaccionaba ante el estimulo femenino, pero no por ello; se podía decir que se calentaba con una zorra.
Aunque no tenia alguna posibilidad de ser considerado para el pretendiente perfecto de alguna chica, tampoco le interesaba serlo; no por ahora. Primero debía arreglar ese problema que poseía y lo hacia más especial de lo que pensaba. Un corte, con menores puntos, pero largo a fin de cuentas; dejaba a la imaginación como la resurrección del tan famoso Frankenstein; lo único que le faltaba era ser alto como el sujeto y tener unos enormes tornillos detrás de su nuca. De solo pensarlo se reía como muchas veces antes; él era un monstruo; uno que daba miedo por un maldito corte. Así era la juventud, exagerando siempre las cosas diminutas o sencillamente buscar el punto débil del otro; porque a veces hay que burlarse del otro para sentirse mayor.
Tomo su bolso, junto con las llaves y comenzó su corto camino a la estación de tren. Oculto su cabeza antes de salir de su hogar, sin embargo; seguía aun nervioso de ser apuntado a tan temprana horas. Si podía echarse a correr, lo hubiera echo; solo que ya estaba cansado de hacerlo como años antes. Agotada podía decirse, Takanori ya se le desgataban las ganas de no solo asistir a clases o hacer las cosas con otros compañeros; también de hablar con más personas, de tener una novia o alguien de quien sacar apoyo. ¿Para que?; para ser nuevamente la burla. No, no, simplemente sonrió antes de tomar su vagón y ser uno de los tantos que ingresaban a su vida exterior. Las ansias también tenían su límite y el bajito, si no era aceptado; era porque ya finalmente asumió que no había nadie que viera más allá en él.
Peor fue su suerte de todos modos. ¿Por qué tenia que estar él allí también?. Otra vez esa cabellera rubia se hacia presente ante sus chicos ojos. Noto como el otro respiraba con dificultad, de seguro tomo el metro a la rápida. –Atrasado.- Susurro para si mismo. Akira, volvía a repetir lo de ayer, con la diferencia que esta vez no llegaría atrasado a clases pero si para tomar el vagón. Que alivio y comodidad –de alguna manera.- sintió al verse rodeado por otra gente. Miro a su alrededor, con la esperanza de encontrar un acompañante, pero nada. –Que mal…Tendré que irme solo.- ¿Era complicado tener un compañero vivir cerca suyo acaso?.
El bajito espero alguna reacción de Akira, en caso de ser atrapado por su seria mirada; sin embargo, paso desapercibido. Muy dentro de él, aunque no entendía mucho; quiso ser el acompañante del más alto. Si, quería acompañarlo, aun cuando este lo trato igual o peor que los otros; Takanori, para su desgracia era del tipo de personas que tenían que llevarse dos veces una impresión de la otra. A pesar de que Akira, no tenía ninguna intención de ser algo del bajito, este último quería agradecerle el favor de ayer. ¿Cómo?, si ya lo odiaba o mejor dicho sentía asco de su persona. Pensó una y otra vez, sin mucho a su favor; el tren ya estaba llegando a su destino y él no hacia nada. – Tengo miedo, ya le doy nauseas, ¿Qué más puedo hacer?.- Comprobó que Akira, gustaba de un grupo suyo, en su mochila pegado un parche de los “Sex Pistols” en grande. Eso le daría una ayudita aunque fuese algo tonto.
Ya una vez fuera de la estación y transitando a más de dos metros del rubio, le ojeo de pies a cabezas. Akira tenia buenos atributos para tener la misma edad que él, que mal se sintió al comparase consigo mismo. Ni siquiera pensó en la diferencia de altura, sino más bien en las actitudes más seguras que el rubio dejaba a la vista de los demás, de lo varonil que era incluso al caminar. –Es más macho que yo.- Pronuncio escondido detrás de un árbol, ante una luz roja.
Retomo sus pasos una vez que Akira estuviera más adelante que él. Luego de unos pocos minutos, el castaño que acompañaba al rubio, se le pego como caracol a su lado. Continuaron los tres la caminata como cualquier otro día. Takanori, envidio por minutos la cercanía de esos, no porque existiera algo que lo uniera con el más alto; era la envidia de tener a su amigo cerca. Los payasos de adelante se reían como lunáticas y el bajito se entristecía más por su soledad. A casi metros del instituto, Akira con Kouyou; pasaron relajadamente frente al inspector que los retaba por sus atuendos. Takanori trato de pasar casi como un hombre invisible al iris del viejo, logrando su cometido excelentemente.
Sin embargo, algo le sujeto el hombro tirándolo hacia atrás; llamando la atención de todos los que estaban en el patio, incluyendo a los dos idiotas que lo acompañaron en el viaje. Se asusto demasiado al ser visto quizás por los demás, que atino a envolver su cabeza y parte de su rostro todo lo que permitió sus pequeñas manos. No obstante, una caricia le asombro por lo demás; ¿Quién le estaría tocando con tantas confianza?. Inseguro destapo su vista de su gorro, llevándose la sorpresa de su vida.
-Al fin te encontré, al fin estoy aquí contigo.- Sin más, fue atrapado por los brazos del otro. Muchos observaban la escena con el alma en mano. ¿Quién tenia el valor de tocar a Matsumoto?. Más sus propios colegas, pero que le importaba al nuevo sujeto lo que pensaban los demás; estaba feliz, realmente en pleno pasos de obtener su tan anhelado premio. El adoraba con locura o más, a Matsumoto. En pocas palabras, idolatraba por solo tocar y hablar con el famoso monstruo del instituto. Ganándose un paso importante con el bajito. Takanori, estaba de alguna manera contento con ese desconocido y agradable abrazo.
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