Por un momento todos los pensamientos de sus compañeros se cruzaron en pocas palabras, claras y precisas “Matsumoto tenia un amigo”. ¿Cómo era posible que el bajito con cara horrenda, tuviese de amigo, al chico nuevo –al igual que él.- y más encima guapo?. Le habrá pagado, comprado con algún objeto su amistad. No tenían mínima idea; pero se aseguraban de creer que una de las dos opciones anteriores era la correcta. Para Takanori más que incomodarse, se alivio de tener una persona a su lado, claro que le costaba adaptarse a la manera de ser del extraño quien lo abrazo como peluche por todo el patio.
El profesor de historia no demoro en llegar y se fijo como dos alumnos estaban aislados adelante, y el resto; alejados con sus escritorios de forma circular contra ellos. “¿Nueva guerra?”- Pensó el mayor, pero no le iba a dar mucha importancia, eran jóvenes e idiotas para su edad. El grupo de al fondo también se mantenían alejados de los otros, no les agradaba simpatizar con alguien más que no fueran los tres, aunque no significaba tampoco que eran odiados por sus compañeros. El pelinegro tanto como el castaño, observaba de su lugar con más detenimiento del que tuvo antes con Takanori. Aun no entendía como el nuevo se juntaba con el “feito” de la clase. ¿Acaso no notaba, que él con sus amigos eran los importantes allí?. Sin duda, el nuevo chico, poseía los atributos necesarios para ser considero como uno de su grupo, pero no; el monstruo Matsumoto se lo había arrancado de las manos, como juguete nuevo.
-No entiendo porque esta a su lado.- Le hablo a Kouyou, quien se entretenía viendo los mensajes de su novia –o andante.- respondía con sonrisa amplia. El castaño aun leyendo el mensaje, contesto a las palabras de Yuu. –No sé, debe tener algo el feito para que el otro lo abrazara, me pregunto si le dio asco o no.- Termino de enviar lo suyo y se fijo que el rubio no había pronunciado palabra alguna desde lo ocurrido. ¿Había pasado algo que él no sabia?.
Le lanzo un papel desde su escritorio al del rubio esperando que este lo regresara luego, quería saber que le pasaba. Akira, tan atrapado en sus pensamientos confusos y contradictorios, vio una pelota de papel cerca de su cuaderno. –Kouyou…-Pronuncio con desagrado. Vio como el recién nombrado, le hacia señas con los dedos para que le dijese algo luego. Se pregunto como tenía un amigo así, mejor dicho como un payaso era su amigo. Aunque no iba a gastar pensamiento en ello. Leyó la hoja arrugada, sin saber que decir, ni él mismo comprendía que le estaba ocurriendo. No tenia enojo, tampoco rabia; quizás algo de sorpresa de saber que Matsumoto estaba siendo tratado como una persona común o corriente, o que el chico nuevo, fuese algún idiota ciego. Al paso de los minutos, Kouyou no espero la respuesta; si el rubio no le dijo nada después de cinco minutos, era porque el no tenia idea de que pasaba por su cabeza.
La campana indicando el primer recreo, relajo al alumnado de la larga redacción que el viejo les había echo escribir. Takanori guardo su cuaderno junto a su libro; sin muchas ganas de salir del salón. Luego noto al nuevo, que aun seguía pegado a su persona. Ni siquiera había preguntado por su nombre, sin embargo; no veía malas intenciones del otro. Decidió que debía enfrentar al chico este y despejar sus dudas. Aun sentado en su asiento, llamo al chico. –Oye…-. El más alto escucho perfectamente la voz suave y baja de Takanori, era realmente adorable para sus oídos. – ¿Si?.- Le dijo sonriéndole cariñosamente. Se vio débil frente a esa expresión de su acompañante; ¿Cuándo le iba hacer la broma?. Era obvio que le habían prometido algo para que le tratara de forma diferente que al resto. –Quiero…¿quiero saber cuanto te pagaron?.- Soltó de golpe, esperando alguna mala reacción del castaño al verse descubierto, no obstante, sintió como sus mejillas blancas pasaban a un tono rojizo. El alto se reía de las ocurrencias del bajito, ¿tan mal lo habían tratado?; reflexiono por segundos. Si quería que el monstruo Matsumoto, enseñara el potencial que tenía; debía ganarse la confianza de este y algo más, para complacer un deseo propio. A expectación de muchos de los que aun seguían allí, el castaño alto atrajo a Takanori encerrándolo contra sus brazos como lo había echo en la mañana. El bajito se escondió bajo su cuello y olfateo el delicioso olor a colonia que el otro le entregaba en bandeja. Además de eso, pudo sentir de cerca la piel suave chocar contra su mejilla; un peluche de felpa, imagino eso y correspondió al abrazo.
-No pienses eso Taka-chin…-Le hablo cerca de su oído, solo quería que él escuchara cada una de sus palabras. – Quiero ser tu amigo vale.- Apretó un poco más fuerte el pequeño cuerpo; los demás alumnos estaban atónitos a las muestras de cariño que dejaban a la vista. Kouyou creyó que el bajito se asfixiaría por los delgados brazos del chico nuevo; pero Akira se fijo más en lo cómodo que Takanori se encontraba en ellos. Takanori tenía un aliado y la popularidad del nuevo aumentaría en tener al monstruo consigo. Quizás era indebido, o más bien estúpido que él tuviera un deje de preocupación por el bajito. Pero las intenciones que el nuevo intentaba hacer a su punto de vista, eran totalmente falsas.
No le creía la actuación de baja calidad, sin embargo, aunque quisiera ayudar a Matsumoto a darse cuenta de esto; no podía hacer nada. Él era uno de los pioneros en la popularidad del instituto y socorrer al bajito, iba a destruir su estatus. No iba hacer absolutamente nada, Takanori debía de darse cuenta solo y punto.
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