sábado, 30 de abril de 2011

Monstruo Matsumoto.. Cap. 5.

-Yo no quiero que me toque con Matsumoto.- Una.



-Yo tampoco quiero, te imaginas si hace algo para vengarse.- Otra, y así sucesivamente se iban agregando los murmullos contra el monstruo. Takanori trataba de no darle importancia; trataba, pero se le era difícil ignorar, aunque sus compañeros fueran discretos; se notaba lo incomodo que estaban por el trabajo en dúo. El profesor de historia era distinto al que tenían de jefe; este no se dejaba intimidar por los alumnos, eran críos que deberían de conocer la palabras “respeto” a comienzo a fin y por ende; teniendo conocimiento sobre la historia de uno de los nuevos alumnos, no iba a dejar que eso obstaculizara su trabajo y enseñanza.



-Profesor.- El maestro se giro para oír a quien lo llamaba. Un chico bajo, de lentes azules; no le quitaba la mirada al asiento de Takanori. Medito antes de hablarle al otro; pero se puso en el lugar de si a él le tocaba trabajar con el monstruo. Movió su cabeza de un lado y otro; no podía trabajar con él, tampoco tendría TAN mala suerte que justo Matsumoto fuera su compañero, ¿pero que tal si?. –Disculpe, soy el presidente del curso y quisiera pedirle algo.-. El resto del alumnado veía como su líder demostraba su poder frente al viejo. Sonrieron al verse con la posibilidad de escoger compañeros a su gusto y no al azar, como anteriormente había dicho el mayor. El maestro pensó a la perfección lo que iba a pedir ese chiquillo, no solo él; el curso “casi” por completo. Sin embargo; si Matsumoto no estaba de acuerdo con lo que los demás querían; iba hacer lo que correspondía en el caso.



-Dime, te escucho.- Dijo sin más, sentándose en su lugar mientras sus manos abrían a vista de todos los que se encontraban allí, dando comienzo al miedo de muchos. El “héroe” en este caso; dudoso de proseguir con su discursito salvador, sintió como las miradas de sus colegas se clavaban detrás de su nuca y espalda. Estaba entre la espada y la pared, y es que el viejo no era de acceder con facilidad. –Yo…yo quisiera…- Temeroso de seguir, miro otra vez a Takanori, el bajito con su cabeza agachada; no prestando atención a lo que sucedía –o era lo que hacia notar.- lo dejaba con mayor terror. El viejo era una cosa, pero Matsumoto era otra muy distinta, estamos hablando del feucho de su curso. Ya no tenia tiempo para malgastarlo, sin tener algo mayor que lo detuviera, soltó su más importante preocupación. – Profesor, quisiera pedirle que el trabajo fuera por decisión propia de cada alumno de esta sala. No quiero tener un compañero al azar, ni mucho menos…- Y sin medir ni sus palabras ni gestos, con audiencia permanente a su disposición; apunto al bajito con asco, como si fuese un ser de este planeta y simplemente no cabía para estar allí. – No quisiera trabajar con Matsumoto, y no soy el único que piensa eso aquí.-. Reto al mayor con ojos desafiante, esperando un “SI” para acabar con el problema.





Sin embargo, el viejo observo al monstruo. Analizo las reacciones que este había tenido con las palabras que un niñato inmaduro dijo de su persona. Se pregunto cada segundo ¿Por qué los pendejos eran así ahora?. No negaba que también a su edad se llego a burlar contra alguien, pero no llegando al limite de tratarlo como un extraño, sin que este pudiese defenderse. Quiso esperar que Matsumoto reaccionara a lo dicho, pero se congelo, cuando este con sus labios sin decir alguna letra, le afirmo que “estaba bien”. ¿Estaba bien?; dejarlo sin alguien que pudiese conocer la otra faceta de él. Tenia la ultima palabra, sin convencerse de que Matsumoto permitiera esa agresión y discriminación como si fuese lo más normal. Posiblemente, con los años, el bajito se acostumbro a ello, se debió dar por vencido y si esa había sido la decisión; de dar gusto a los demás, así se iba hacer. – Escúchame chiquillo.- Cerro el libro, dejándolo sobre la mesa. El presidente se sentó y prefirió escuchar sin hacer alguna queja la decisión del viejo; quizás podría hacer algo más adelante si este se negaba. Los alumnos dejaron de hacer lo suyo, incluyendo los problemáticos del fondo. El hombre junto sus manos y las acerco lo suficiente para bostezar en modo de educación, cubriéndose la boca. Pasaron segundos para estudiar aquel curso en general. Todos eran distintos, con su mundo, con sus metas, con su vida propia, por ende también confió que tenían su propia decisión. – Me sorprende lo idiotas que llegaste a ser.- Hablo sin importarle que este lo acusara con su madre; de todas maneras, iba a tomar responsabilidad en el asunto. Iba hacerse cargo de lo que su colega y padres de los demonios no fueron capaces de aplicarles a sus cabezas. El de lentes, se molesto al ser tratado así por un profesor ¿Quién se creía para llamarlo de esa manera?. No fue el único que lo capto, y tampoco creyó que era bueno, haber sido llamado así por un docente.





Prefirió seguir manteniendo silencio. – Hasta puede que estés enfadado por como te acabo de nombrar, pero no me arrepiento en nada, ni menos en lo que vaya a decir.- Se levanto con dificultad, ya no era el hombre joven de antes. Colocándose frente a sus alumnos, se apoyo en el respaldo de la mesa; se cruzo de brazos, soltando un suspiro. – Cada uno de aquí, piensa por si solo. Cada uno hace lo que crea que es mejor. Entiendo, a lo que quieres llegar con no hacer el trabajo con Matsumoto. Debe ser difícil para ti, ¿no?.- Le hablo a Takanori, aun refugiado en su gorro. ¿Por qué el viejo estaba diciendo todo eso?, ¿Para que objetivo?. – Si quieren hacer el trabajo con quien gusten, accederé a ello.- No paso mucho para escuchar aplausos para sus palabras, la felicidad inundo el lugar. Las chicas gustosas de poder hacer el trabajo con el chico más guapo del salón o con las amigas, y los holgazanes con hacer que alguna tonta hiciera lo suyo. Un golpe fuerte detuvo las risas del salón. El maestro agotado con esas actitudes, decidió proseguir con lo suyo. –Accedo a tu petición chiquillo, sin embargo; en mi clase, escuchen todos los del salón. En mi clase hijitos de mami; no se permitirá esa actitud de niñatos mimados, todos son iguales para y serán tratados por igual. El o la que juzgue a Matsumoto, tendrá una cita “romántica” con el director, oyeron.-.





Un silencio incomodo se prolongo por minutos. El bajito estaba con ya casi ataques de nervios, para él, su profesor la había jodido en grande. Seria además burla de los demás, ya no tendría ninguna posibilidad de poder hacer algo por su propia cuenta. Aunque el mayor no tenia la culpa de lo que decían sus compañeros, no debió haber echo aquello. No debió.



-¿Profesor?.- Se escucho las voces de dos personas allí. Ambos alumnos se levantaron de su asiento; dejando la misma o más impresión por la igual velocidad en la que hablaron a los demás. El chico nuevo, que acompañaba a Mastsumoto, se acerco al maestro; junto con su contrincante. Los dos enfrente del viejo, decidieron dar batalla por ganarse a “ese” compañero. –Quisiera a Matsumoto de compañero.-



-¡¿Pero que mierda?!.- Grito el pelinegro, siendo sujetado por Kouyou. Iba a matar al idiota ese, ¿Qué demonios le pasaba ahora?. Tenia que agarrarlo en sus manos ahora o nunca.





Takanori; dejando de lado su miedo y siendo sorprendido por los dos que lo querían de compañeros, quiso ser tragado por la misma tierra. ¿Acaso era su primer día de suerte?. Aunque no quiso demostrar felicidad ante lo que sucedido, sus manos temblaban al igual que su cuerpo. El mayor sonrió satisfecho, al fin de dos inteligentes en ese grupo de payasos.



-Bien, Matsumoto. ¿A quien quieres de compañero?. A Suzuki o Kohara.- El par observaban expectantes al bajito. Con sus distintas razones no iban a ceder al otro. Matsumoto debía ser de uno de ellos como fuese, con gusto o no del monstruo.

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